Pasó en cuarto año, en la clase de psicología de Graciela Martinez. Según ella en un grupo había distintos tipos de líderes: cabecilla, carismático, jefe, etc. Fue explicando las características de cada tipo, y preguntando cuál de los alumnos del curso cumplía cada función. A medida que avanzaba en la lista se debatía, y había muchos interesados en ocupar los cargos. Cuando llegó al líder jefe, dijo que era un líder que no se imponía, que no disciplinaba a los demás, pero que cuando había algo que consultar se acudía a él, a pedirle su punto de vista, su consejo. Varios levantaron la mano para señalarme a mí, y varios otros acordaron, sí, ese es Christian.
Frederic quiere despenalizar la marihuana, Berni quiere despenalizar todas, yo todas salvo las peligrosas, como el alcohol, el cigarrillo y los alfajores Cachafaz.
Me toca el hombro, se asoma apenas, un bulto en la oscuridad. Tengo que torcer la mirada, desajustar las luces de colores que me ciegan, como un bambi cruzando la ruta, el Scania le clava las luces altas, a punto de ser atropellado en la ruta. – Disculpame, ¿vos siempre venís acá? – No, mis amigos me dejaron de garpe – no sé por qué empiezo mintiendo, disculpándome por haber venido a este boliche solo. En la pista la gente se amucha, bajan del otro piso, donde la música ochentosa dejó a unos pocos bailando perdidos, nostálgicos. A esta altura de la noche los grupitos compran varias botellas, vacían el balde de hielo, mezclan ahí todo el alcohol, y chupan con pajitas, con varias pajitas flotando en el líquido que no sé si es flúo por las luces o qué. – ¿Pero siempre venís acá? – insiste él. Me doy cuenta de que contesté otra pregunta, y su insistencia me resulta rara, no importa, a las 5 de la mañana, contestar la pregunta que te contestan. – No, raram...
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