Pasó en cuarto año, en la clase de psicología de Graciela Martinez. Según ella en un grupo había distintos tipos de líderes: cabecilla, carismático, jefe, etc. Fue explicando las características de cada tipo, y preguntando cuál de los alumnos del curso cumplía cada función. A medida que avanzaba en la lista se debatía, y había muchos interesados en ocupar los cargos. Cuando llegó al líder jefe, dijo que era un líder que no se imponía, que no disciplinaba a los demás, pero que cuando había algo que consultar se acudía a él, a pedirle su punto de vista, su consejo. Varios levantaron la mano para señalarme a mí, y varios otros acordaron, sí, ese es Christian.
Frederic quiere despenalizar la marihuana, Berni quiere despenalizar todas, yo todas salvo las peligrosas, como el alcohol, el cigarrillo y los alfajores Cachafaz.
Hace unos años, una mujer sentada al otro lado de la mesa me dijo: Nosotros no te criamos para eso. Eso es una enfermedad, y te tenés que curar. Te vamos a llevar al psiquiatra, vamos a hacer lo que sea necesario. ¿Por qué nos hacés esto? La gente como vos termina mal. Vos no sos mi hijo, no te reconozco. Esa misma mujer me llamó ayer por teléfono y me dijo: Nos vamos a Bariloche con tu papá. Y me da muchísima bronca porque el 20 no voy a poder estar. Yo quería ir a la Marcha del Orgullo. Mientras, los chicos que se pasan el año debatiendo Ben Simon versus Vans, concluyen por única vez en el año: Yo no tengo nada que ver con los travestis. Es una comparsa, un carnaval. No sirve para nada. Te terminan odiando más por ridículo. No hay nada que festejar, no hay nada que protestar. ¿Orgullo? ¿Orgulloso de qué? Orgulloso de qué.
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