Rarísimo
En el suplemento cultural del diario Perfil de hoy, 28 de diciembre, se publica un cuento mío. Se trata de una versión reducida a 3500 caracteres de Raro, un texto que escribí para este blog. Si usted, querido lector, llega a esta página a partir del diario y está un poco perdido, puede proceder hacia el mapa del sitio, dónde encontrará algunas recomendaciones de qué le conviene leer primero. Si usted es de los que necesita primero saber quién soy, acá esta mi biografía. Y si, luego de haber aventurado el piecito en esta blog-pelopincho, se anima a una zambullida, haga clic en cualquier enlace de los archivos mensuales. Siéntase en su casa.
Y ya que estamos aprovecho para agradecer a todos los lectores. Empecé a escribir este blog en setiembre de 2002, en Estados Unidos. No había escrito antes, más allá de algunos notas personales en cuadernos o algunos poemas deprimentes. El blog, en esa época en la que nadie sabía lo que era un blog, empezó como un lugar dónde subir mis emails masivos sin saturar las bandejas de entrada de amigos y parientes. De a poco llegaron los lectores y de a poco el blog tomó una personalidad propia. Aunque pensé en cerrarlo varias veces, nunca lo hice: hoy creo que el blog seguirá abierto siempre, ya liberado de la obligación de publicar con un ritmo determinado, diario, semanal o mensual.
Pasaron muchas cosas en mi vida en estos 6 años, el blog es casi la única constante. Tengo una relación incómoda con él. Doy sólo un ejemplo: hace un rato estaba tomando una cerveza en un bar y se acercó un tipo, charlamos un rato. Finalmente me dijo: “Es medio injusto esto, porque yo sé todo de vos y vos no sabés nada de mí”. Lo miré y le pregunté a qué se refería, aunque me imaginé. “Leo tu blog”. Lo misma sensación de incomodidad me asalta cuando Sandra me presenta a algún alumno nuevo del taller diciendo que escribo un blog que se llama Puto y aparte. Invariablemente el nuevo alumno pregunta: “¿Punnnnto y aparte?”. Yo estoy obligado a corregir: “No, Puto y aparte, sin la ene”. “Ahhhh, entendí”.
Escribir este blog es repetir el gesto perpetuo de salir del ropero. Es decir, buscar la brusquedad de una verdad liberadora: decir de la mejor manera (de cualquier manera) algo que pide permanecer oculto. Es una batalla, sobre todo, contra el pudor y contra el reflejo de quedar siempre bien parado. Más allá de que me divierte incomodar e incomodarme, sostenerme en equilibrio en el medio de la soga, creo que cuando se rompe el hielo… se enciende Gimonte.
Bueno, no me sale bien el discursito de acto de fin de curso. Gracias a todos los lectores. Los de la primera hora y los del último minuto. Los que comentan, los que no: los que leen. Aunque para escribir a veces necesito pensar que este es un espacio íntimo y de libertad absoluta, me sirve saber que hay algo de ojos en R.E.M. del otro lado, siguiendo las líneas de letras en la pantalla. Hemos recorrido a long way baby. En estos 6 años, el blog y ustedes han sido una buena compañía. Al fin de cuentas de eso se trata: del camino recorrido, sí, pero sobre todo de los que caminan a tu lado. Para todos esos compañeros de ruta (los que estuvieron, los que están, los que estarán, porque esto sigue, como siempre), va esta canción:
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