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Mostrando entradas de noviembre, 2007

Bit

El gargajo – ¡sstchupt! – cae en el centro del charco. Javier es el que escupe mejor, puede disparar uno sin dejar de hablar. Los pómulos tensos mientras habla, esperando a que venga la próxima t para disparar. – Conmigo no te hagas el pelot-¡sstchupt!-udo – y el miquimoco ya colgando del borde del delantal azul del pelotudo. El único que le gana es Juan porque tiene los dientes de adelante separados. El agujero en V de los dientes de adelante, el latigazo de la lengua y el chorrito – ¡schpit! – en parábola newtoniana. Los de Juan son transparentes, los de Javier, los de Javier… vení y mirá. Estamos todos en fila saliendo de la escuela nueva de este lado de la calle. Karina Pianelli está parada en el medio de la calle frenando el tránsito. No hay nada que frenar, a esta hora no pasa nadie. (Pero igual vos Pianelli estuviste chupando las medias toda la semana y ahora sos borradora oficial del pizarrón y regadora oficial de la batata del frasco arriba...

S.O.S.

La cosa es así: tengo una cita en la cabeza y no recuerdo dónde la leí. También me la acuerdo borrosa y puede ser que la haya deformado bastante. Entonces, les pido ayuda a todos los memoriosos. La cita dice algo así: “Una de las marcas de estilo de X (¿Balzac? ¿Stendhal?) es que cuando sus personajes toman decisiones importantes están ubicados en pisos altos”. Creo que la cita puede ser de Barthes (de El placer del texto), pero no la encuentro. ¿Alguien conoce la cita y de quién es? El que primero de la respuesta correcta se gana un putito y aparte de oro.

El cuerpo humano

[1983] Voy a Merlo dos veces por mes, a visitar a mi viejos y a mis hermanos. Mis viejos viven en la misma casa en la que nací y viví hasta los 28 años, cuando me fui a Estados Unidos. Aprovecho esas visitas para hacer una mudanza hormiga de los libros que todavía quedaron allá. Ya casi no quedan libros por mudar, así que la última vez que fui estuve revisando la biblioteca buscando las últimas migas. En el estante de libros de mi viejo (Osho, novelas abreviadas del Reader Digest, etc) encontré los 12 tomos de El árbol de la sabiduría, una enciclopedia que mi viejo compró en fascículos y luego mandó a encuadernar, allá por principios de los 80. Era la época en la que los kioscos de revistas desbordaban de fascículos y mi viejo aprovechó para saldar su deuda con la cultura (y con su frustración, ya que mi abuelo lo sacó del colegio a los 15 años para que trabajara con él en la panadería). En mi casa no había bibliotecas, ni siquiera estantes, así que los roperos fueron llenándose de lib...