Maravilla

[Domingo 12 de agosto, 23 horas, Palermo]

Cuando me siento a escribir frente a la pc, estas son las cosas que me acompañan: la música (Leonard Cohen, por lo general), un vaso de gasesosa (Sprite), una porción de postre (serenitos, tiramisú, helado Macadamia Brittle de Hagen Dasz), y la mujer maravilla.

La mujer maravilla es un juguete que me trajo un amigo de Estados Unidos hace unos meses. El sabe que soy fanático (tengo un imán, una agenda, varias postales). En la parte de abajo se lee “MFG FOR BURGER KING CORPORATION” así que supongo que el juguete se repartía dentro de alguna cajita feliz. Se trata de una mujer maravilla fija en un costado y en el otro una especie de fantasma de plástico transparente. La mujer maravilla acaba de atrapar al fantasma gelatinoso con su lazo dorado. El contraste es explícito: la mujer maravilla tiene los ojos alertas, la boca apretada en un besito sexy, el bombachón estrellado apretado, las piernas flaquísimas y largas y juntas. El fantasma, en cambio, no tiene rasgos ni ropa, parece un ectoplasma que no termina de coagular: las piernas están formadas, pero los brazos y la cabeza todavía no, están atrofiados, incompletos. Sobre el plástico celeste hay un botón amarillo y si lo aprieto se activa un resorte, se escucha un chasquido y la mujer maravilla atrae al fantasma hasta tenerlo a pocos milímetros, enroscado en su lazo de la verdad, y lo mira fijamente a los ojos transparentes, lista para hacerle decir toda la verdad.

Cuando me siento a escribir y me trabo, agarro el juguete, estiro la distancia entre la mujer y el fantasma y aprieto el botón, con la esperanza de que esta vez el fantasma avance hacia mí, termine de coagular y diga toda la verdad.

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