Caridad
[20 de Octubre de 2004, Buenos Aires]
– Llego tarde a ver la Traviatta, che – se impacienta Tiago en el teléfono. Metéte en mi correo y fijate si hay algo urgente, si alguno pregunta por mis servicios mandá el parrafito en el que explico todo.
– Sí, jefe. Si llama la señora, ¿qué le digo?
– Que el señor se fue a ver una ópera con un gato, y que me tenga preparada la comida en cuánto llegue, sino la casco.
– Sí, jefe.
– Basta de decirme “jefe”, putazo. La fantasía de la secretaria en minifalda no te queda bien.
– Que el correo te lo revise tu abuela, entonces.
– Sé buenito. Me tengo que ir que me están esperando, después hablamos.
Los emails son los de siempre: cuánto sale el masaje, explicáme que significa masaje con relax, ¿el precio es en pesos o en dólares? Entre la parva de hombres o pseudónimos masculinos – los “potrazos”, “machazos” y “lomazos” -, se destaca “Silvia, Consulta por tus servicios”.
Hola:
Mi nombre es Silvia y estuve mirando tu página en internet y la verdad que me gustaría solicitarte un turno de masajes y algo más pero primero quisiera saber cuánto cobras y si te molestaría atender a alguien que pesa 130 kilos, no a todos les gusta estar en la cama con personas obesas. En base a tu respuesta te solicito turno o no. Desde ya gracias por tu atención y espero una respuesta, te digo que no soy un bicho y si hago esto es porque no quiero tener compromiso con nadie, pero necesito un poco de mimos.
Un beso,
Silvia
Estuve rumiando ese email todo el día. Yo no peso 130 kilos, pero estoy gordo. En la internet colgué fotos de hace 3 años, mi breve período hollywoodense, en el que pesé 12 kilos menos de lo que peso ahora. Cuando me describo en la internet uso la palabra “fornido” y si me apuran “morrudito bien” y si me ponen una 8 milímetros en la sien: “con algo de pancita, pero NO gordo”.
Y todavía recuerdo con espanto aquella noche en la que me bajaron del cielo de un ondazo. Había ido a Glam y una especie de Adonis musculoso, borracho y besuqueiro me acorraló contra una columna, me besó y me llevó a un telo de la calle Anchorena, todo en el lapso de 45 minutos. Cogimos y después hablamos, en ese orden. Él quiso saber por qué lo había evitado durante toda la noche. Yo contesté que no sabía. Sí que sabía: me pensé que el tipo – musculoso, de cabeza rapada y ojos celestes, envuelto en las miradas centrífugas que le dirigía la mitad del boliche – miraba a otro. El puso las manos detrás de la nuca y se recostó en la cama, sus biceps se hincharon, su pecho se tensó y tiró el piedrazo, sin darse cuenta: “Desde que te ví te estuve persiguiendo… era re obvio, te clavé la mirada durante dos horas. Me encantan los ositos”.
Osito. Yogui. Yoli Bell. Osito cariñoso. Panda.
Sentí ganas de explicarle la confusión, el error garrafal en su taxonomía: yo no soy tan peludo. No voy a las reuniones, no como miel. Esta mariposa no va clavada con alfiler en este álbum, che…. no, se entiende el error, por supuesto, pero debe haber una confusión… ¿yo oso? No, debe haber algún otro animalito, yo soy perro en el horóscopo chino en realidad, jeje, fiel y dócil, guau guau, mirá que bien que ladro y mirá como muevo la colita y levanto la patita y te meo el malvón si te descuidás.
Pero no dije nada y fue peor, porque el interpretó el silencio como una invitación a la autobiografía amorosa. Mi novio anterior era como vos, bien osito, agregó. Osito, decía esa palabra cada 8 segundos, o por lo menos eso me parecía a mí. Cuando me quiso recostar sobre su hombro hinchado de tantos vuelos laterales, me disculpé diciendo que se hacía tarde y me metí en la ducha. Y pasé 10 minutos enjabonándome y mirando mi cuerpo de plantígrado desnudo en el espejo empañado del baño.
– ¿Y? ¿Algún email urgente? – Tiago pregunta desde el celular al día siguiente.
– No… nada. Pero te mandó email una mujer, que quería preguntar por tus servicios.
– ¿Le contestaste con el párrafo de siempre?
– Hmmm. Me dio mucha lástima… estuve todo el día con eso, no me lo puedo sacar de la cabeza…
– ¿Lástima? ¿Lástima de qué?
– Es una gordita, pesa 130 kilos dice. Re dulce.
– ¿Eh? No escucho bien acá, esperá que salgo al pasillo. ¿Cuántos kilos?
– 130.
– Olvidáte. Mandale un párrafo diciendo que se confundió, que yo solo doy masajes.
– No seas turro, pobre, me dio mucha lástima.
– Ok, cogétela vos entonces. Mejor, porque tengo demasiado laburo, no doy abasto.
– No seas malo, te vas a ir al infierno…
– Yo no soy Cáritas.
– Ya me dí cuenta, creéme. ¿Qué te cuesta?
– ¿Vos no entendés? No se me para, ya me pasa con tipos que caen de sorpresa y están muy hechos mierda… y les tengo que inventar que sólo doy masajes. Hay algunos que ni con Viagra, y eso que yo soy un profesional…
– Un profesional atendería a esta chica, me dio mucha lástima, Tiago, en serio. ¿Te imaginás la sensación de que nadie en este mundo te quiera coger? Nadie… ni uno solo de los quintillones de degenerados que puebla la galaxia.
– Ya te dije: cogétela vos.
– Vio tu página, no la mía. Ahora se ilusionó, quiere que se la coja el mismo prostituto que se coje a todo el mundo… no que vaya yo, cualquier chingulín, ¿no entendés?
– Entiendo perfectamente. ¡Vos no entendés! Soy un taxi, no un muñequito a cuerda. Y terminemos con esta conversación, que me estás pudriendo.
– No seas malo, que te cuesta… si te cogiste cada cosa…
– Dejá de tratar de romperme la cabeza. Dedicate a las computadoras que para laburarle la cabeza a la gente sos un desastre…
– No te trato de manipular… sólo que me dio lástima, estuve todo el día pensando en eso.
– Eso quiere decir que estás muy al pedo vos… Las minas feas o gordas se casan y cogen como todo el mundo. Para eso se casan, para que alguien tenga la obligación de cogérselas. Yo no tengo esa obligación, no soy marido de nadie… así que la terminamos con este tema acá. Mandále el email que te dije, decile que le hago masajes y cuánto sale.
– Yo no le mando ningún email, mandáselo vos.
– Putazo… mirá que sos denso y caprichoso, eh.
– Después hablamos. Tengo que ir a buscar la ropa al lavadero.
– Ok. No entendés vos que lo mío es un laburo, ¿no?
– Uf, esa ya la escuché… me tengo que ir… después hablamos.
– Ok, ok, que se te pase el pedo biónico que tenés. Chau.
No volvimos a hablar de Silvia, aunque yo no pude olvidarla durante una semana. Cada vez que Tiago intentó sacar el tema o explicarme una vez más que lo que él hace es un laburo como cualquier otro, lo corté en seco y le dije que no quería hablar del tema. Una semana después, una vez más, volvió a pedirme que revisara su correo.
– Fijáte en la carpeta de enviados, tiene que estar ahí, es la dirección de la mueblería en la que pedí el presupuesto – insistía desde el celular.
– Sí, acá está… anotá la dirección.
Le dí la dirección y cortó. En el fondo de la página, 50 emails más atrás, me llamó la atención el tema de un email: “Re: Silvia, consulta por tus servicios”. Lo abrí.
HOLA SILVIA
TE CUENTO QUE NO TENGO PROBLEMAS EN ATENDERTE Y TAMPOCO TENGO PROBLEMAS CON PERSONAS QUE NO SEAN DELGADAS, ESTA TODO BIEN, SOY MUY MIMOSO Y LA VAMOS A PASAR MUY BIEN. DISCULPAME QUE NO TE CONTESTE ANTES PERO TU EMAIL NO ENTRO AL COMIENZO DE MI LISTA DE EMAILS Y AHORA RECIEN ME DOY CUENTA QUE ESTABA, ESTABA BIEN AL FINAL, DISCULPAME NUEVAMENTE.
TE CUENTO QUE POR UNA SESION DE MASAJES DESCONTRACTURANTES POSDEPORTIVOS, EN CAMILLA Y CON CREMA NEUTRA (UN MASAJE GENERAL DE PIES A CERVICALES Y LUEGO TODO LO QUE SEA DESCONTRACTURANTE DE CERVICALES, DORSALES Y LUMBARES), YO COBRO $… LA SESION. POR SEXO YO COBRO $… LA HORA, ESTO INCLUYE BESOS, ABRAZOS, FRANELA A FULL (JUEGO PREVIO), Y PENETRACIÓN. TE ACLARO QUE SOY MUY MIMOSO.
ABRAZOS
TIAGO
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