Era para untar, era para untar
[27 de Mayo de 2004, Piscataway, NJ; un momento de meditación antes de ir a la cama]
Chad me está visitando por unos días. Y está claro que no es ningún experto en zoología. Ayer, cuando le indiqué que iba a tener que dormir en el sofá, me tranquilizó con un “no te preocupes, yo soy como el camaleón, duermo en cualquier lado”.
No pude evitar mirar el naranja clarito del sofá, el verde de la remera de Chad y desconfiar de las posibilidades miméticas del contraste. Tuve ganas de señalarle que vivimos en una jungla de asfalto, que nos gobierna la ley férrea de la supervivencia del más apto y que en este banquete celestial no somos más que la margarina que untará el pan lactal de algún demonio pasado de kilos.
Pero eran las 3 AM, hora de irse a dormir.
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