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Mostrando entradas de octubre, 2014

La bola de espejos

Hay que salirse más de la pc, el celular y la red social. O por lo menos reconectar el que somos online y el que somos en persona, porque la pantalla es un blindaje, una coraza, y hasta que no se rompe no pasa naranjú. Correr la selfie a un costado y mostrar la carne y el hueso. Y eso pasa, por ejemplo, si vamos a un boliche, a tomar un trago, a juntarnos con amigos, a encarar.

La yapa

La palabra “yapa” tiene origen quechua, viene del verbo quechua “yapay”, que significa agregar, añadir. De ahí pasa al castellano como “yapa”, y pasa a ser un gesto, la amabilidad de agregar un poquito más.

Gusto

Son las 8 de la mañana del domingo y el sol ya es cegador. Delante mío caminan 5 pibitos, todos de alrededor de 20 años, caminan lento, porque las veredas, recién baldeadas, están resbalosas. Como ocupan todo el ancho de la vereda, decido aminorar la marcha y caminar unos metros detrás de ellos. Hablan casi gritando. – Las minas, cuando son tan histéricas, tienen gusto ácido en la concha. – ¿Gusto ácido como? – A Citrus. – Qué ganas de hablar boludeces, chabón. ¿Qué Citrus? – En realidad es entre el Citrus y el Limoneto.

Nueva ola

Los efectos del cambio climático en los piropos: me dijeron “tsunami de facha”.

Ella

Afuera llueve pegajoso y acá adentro, en el bar, yo me refugio en el café con leche. Hay poca gente hoy: un viejo que lee el diario en una mesa, y más allá en diagonal, una pareja. Ella tiene unos 35 años y él unos 50, aunque la veo mayormente a ella. Los gestos de ella delatan un enojo creciente, así que decido sacarme los auriculares y escuchar la charla. Escucho todo lo que ella dice, aunque está a unos 6 metros; a él, en cambio, casi no se lo escucha. ELLA: No te hacés cargo de nada vos. Y menos que menos de tu hijo. ÉL: [inaudible]. ELLA: Porque te cuesta mover el culo fofo ese que tenés. Siempre te costó. Usás a la gente, a eso te dedicás. Los usás de relleno, los usás para huir de tus responsabilidades. ÉL: [inaudible]. ELLA: Veinte años, sí, y, ¿eso qué tiene que ver? No me quisiste ni cinco minutos de esos veinte años. Así que yo me voy a dormir a lo de Luciana. Él: [inaudible].

Tour

1. El piropeador. Estoy parado al borde de la pista, bailando. Se prenden los lásers azules y me pegan directo en los ojos. El pibe que está bailando al lado mío me dice: “Te hace mal esa luz, ¿no?”. Yo: “Sí, decí que ya me operé la miopía, sino aprovechaba”. Él: “Ah, ¿esos ojos tan lindos que tenés son culpa de un cirujano?”.Yo: “Y sí, me estiré un poquito la córnea, un lifting ocular, digamos”. Él: “Tenés los ojos muy lindos de verdad.” Yo: “Gracias.” Él: “¿Y el resto de la culpa por tener tan lindos ojos es de tu mamá o de tu papá?” Yo: “Soy adoptado, así que no sé”.

Apocalipsis

Me tranquiliza que las cosas insistan en pudrirse. De verdad, me gusta revisar la heladera y encontrar frutillas con la barba crecida de musgo, queso pategrás entretejido con crochet verde, lechuga cada vez más negra, ariñonada. Y me irrita que el pan, los fideos y sobre todo las galletitas coqueteen con la eternidad. Más allá de las sospechas que debería generarnos que los gorgojos y las bacterias tengan todos esos manjares a mano y se nieguen a probarlos con un educado “no, gracias, paso”, me niego a aceptar que cuando el mundo se termine sobrevivan solamente Cher, un par de cucarachas y un paquete de Cerealitas.