Dark
Interior. Dark room. 2:50 AM. Fumadores agrupados en racimos, conversan en murmullos, interrumpidos por grititos histéricos o por el pío pío de un mensaje de whatsapp. Alguien prende un encendedor y acerca la llama a la punta del cigarrillo. El halo de luz repentino ilumina el horizonte, donde deambulan zombies chupapijas hambrientos de carne humana, atontados. Un muchacho de unos 35 años, que llamaremos “Homo”, con chupines oscuros y camisa negra con finas rayas blancas, quizás demasiado formal para el lugar, se saca la billetera, el celular y las llaves del bolsillo y se inclina para metérselos en la media. Alguien le advirtió de la presencia de pungas y no quiere que lo roben. Deja unos chicles y unos preservativos a mano en el bolsillo, para hacer bulto, como anzuelo, para ver si le roban aunque sea eso. Justo en ese momento, cuando está todavía agachado acomodándose la media, se desprende alguien de la oscuridad. Lo llamaremos “Hetero”. Es una silueta redondeada, tiene puesto un p...