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Mostrando entradas de julio, 2011

Eclipse total

Ah todo eso. Echale la culpa a las luces, al alcohol y al sucundún y al eco y el pulso de la música que te pega en el pecho. El respingón de que se prende el aire acondicionado del boliche y de pronto estás otra vez ahí, los pies un poco pesados, el tacto que de pronto se te localiza en ese peso, en los pies, y ahora hay un pliegue ahí que jode, esa media, apoyás fuerte contra el piso y girás el pie para así el pliegue se va, pero no, siempre hay un pliegue en la media, y podés negociar empujarlo un poquito para acá o para allá, y en cuanto enfocaste el cuerpo y el pie y el pliegue te molesta también el elástico del calzoncillo, el jean que te cuelga y raspa un poco en la entrepierna, tirás un poco los hombros para atrás para que se te acomode la chomba que amenaza mutar en camisa de fuerza apretando los sobacos, y todo se vuelve picazón que empuja a picazón, piezas de dominó que caen una atrás de la otra haciendo un dibujito, pero antes que se cierre el dibujito lo perdés y volvés, me...

Viaje

Hace tres meses viajé a Estados Unidos, por primera vez desde que volví a Argentina en el 2004. Fue un viaje de un mes, diez días de trabajo en Dallas, luego volar a San Francisco, una semana ahí, donde viví 2 años, del 2000 al 2002, luego volar a Nueva York, diez días ahí, volar a Miami, 4 días ahí, y luego volar de vuelta a Buenos Aires. Unas semanas antes de salir empecé a sentirme raro, como si me creciera por adentro de la piel una membrana de goma, se me taparan los oídos, y las cosas retrocedieran hasta aplastarse a media distancia. Era algo sutil, nada de ataques de pánico, ni nada de eso. Más bien una preparación para un choque, un airbag emocional a medio inflar.