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Mostrando entradas de diciembre, 2009

Totalmente desnudo, parte 4

Esto no pasó así, ni en ese momento, pero no importa, estoy diciendo la verdad. Esto todo culpa de Damián y su llavero, del que cuelgan todas estas llaves, y uno no tiene más que probarlas, una por una en cada cerradura y de pronto se abre una puerta y uno se da de bruces (lees) con este recuerdo.

Por qué escribo (este blog)

El día se fue hinchando como un globo de gas y ahora explotó y llueve. Empezó la temporada de cerezas, y acá están en la compoterita azul, mientras la noche chorrea sus babas contra la ventanas. Hacía mucho que no escribía dos días seguidos, y se me ocurrió probar hoy. ¿Por qué no escribo dos días seguidos? Porque en general estoy bastante pinchado con lo que escribí el día anterior.

Totalmente desnudo, parte 3

Damián tenía las uñas sucias de grasa y callos en las manos. Era mecánico, me contó. Trabajaba en el taller de mecánica diesel del padre desde chico, y ya tenía sus propios clientes. Me fascinaba escucharlo hablar, porque sonaba como si el fuera el dueño del taller y su padre su empleado.