Entradas

Mostrando entradas de junio, 2008

Cuba libre, un viaje, 5

Varadero, cuarta y última noche Es el último día en Varadero, pero me esperan seis días en Cayo Coco, o sea, más all-inclusive, playa y ampollas en los pies. Sí, el rojo de la piel se diluyó un poco, pero las ampollas, tectónicas, crecen. Igual es el último día, así que voy a la playa y me tiro en la reposera, debajo de la sombrilla de paja, a leer. El tipo de las cadenas de oro en el cuello sigue ahí, pero el taxi boy desapareció. Antes de que me acomode del todo aparece el guardavidas que me quiso vender habanos. Está bien, hoy estoy con ganas de charlar, ya hace tres días que estoy acá y hablé sólo con turistas (argentinos, canadienses, alemanes). Es hora de hablar con los locales. Se agacha junto a la reposera, como hizo el otro día. Tiene anteojos negros y está en cueros. Está a punto de susurrarme algo cuando le pregunto “¿Qué es esto?” señalándole una cicatriz que tiene en el cuello, debajo de la nuez de Adán. -¿Esto?-dice levantando la cabeza para exponer todavía más...

Cuba libre, un viaje, 4

Varadero, tercera noche A la mañana siguiente despierto y aun antes de abrir los ojos siento el peso en la cara, en el pecho. Me muevo un poco y las sábanas raspan. Salgo de la cama y voy hasta el espejo: estoy colorado en franjas, desparejo, como si alguien me hubiera tirado baldazos de pintura roja jugando al carnaval. Siento el embotamiento de la insolación. Me duelen los pies, tengo ampollas por las ojotas y raspaduras por caminar por los caminitos ásperos sin ojotas. Tengo un cansancio de desinfle y de desconexión. El cuerpo, lejos de los engranajes de la vida de Buenos Aires, por primera vez se chocó con los elementos esenciales: el aire, el agua y el fuego, se lastimó, y ahora intenta protegerse o acomodarse. Estoy atontado, con la energía toda puesta en la reconstrucción: en levantar las represas de las ampollas, en desprender la piel para tejer una nueva, en drenar todo ese sol que entró. Es decir, este es, por fin, el primer día de mis vacaciones. Ariel ya salió de la habitac...

Cuba libre, un viaje, 3

Varadero, segunda noche Lo primero que hice al día siguiente, cuando me desperté, fue ir a buscar el mar. Ahí estaba: unos metros de arena-harina amarilla y los renglones azulados y verdosos del agua plana, sin olas. Mi historia con el mar empieza como la de casi cualquier argentino de clase media baja: en la costa argentina, en Mar del Plata. Acercarse a la orilla y descubrir con un estremecimiento que el agua está fría, como meter los dedos en el enchufe, retroceder, alguien desde atrás te grita que cuando te metés el frío se te pasa, avanzar entonces, muy poco convencido, por partes, las piernas, después con un envión que el agua congelada pegue en los genitales, y enseguida tirarte de cabeza debajo de una ola, el agua revuelta, sucia, los brazos morados, la piel de gallina, unos pocos minutos y correr hasta la toalla que se abre y te envuelve, frotarte para salir de la criogenia, dar saltitos. Una prueba de valentía, un bautismo de hielo en vez de uno de fuego. Ahora, en cambio, en...

Cuba libre, un viaje, 2

Imagen
Varadero, primera noche El vuelo salía a las 3.30 de la mañana, así que quedé en que pasaba a las 12 de la noche por la casa de Ariel. Como siempre, llegué y ni siquiera tenía preparada la valija. Andaba de acá para allá en slip seleccionando la ropa que se llevaría. Respiré hondo y decidí que estaba de vacaciones y que no iba a empezarla discutiendo. Lo ayudé a doblar la ropa, más como gimnasia antiestrés que para acelerar el trámite. Ariel, con toda la parsimonia del mundo, se duchó, se vistió, se perfumó. Llegamos al aeropuerto a las 2.28, 2 minutos antes de la hora límite para hacer el check-in. Me tomé un Dramamine (no volaba desde el 2004 y últimamente me brotan fobias en cualquier rincón) y subimos al avión. Enseguida el comisario de a bordo vino a saludar a Ariel personalmente, a felicitarlo por el premio, y le ofreció moverlo a clase ejecutiva. Ariel no podía esconder su cosquillita. Me dijo con cara de fingida incomodidad “Y… me voy a tener que ir para adelante...

Cuba libre, un viaje, 1

Los días previos a la salida Acá estoy munido de mi munición: mi libretita con 40 páginas de notas, la música suave, la pantalla, el recuerdo todavía vivo (¿Qué gusto tiene el recuerdooo? Saladooo), la piel tostada Caribe, la ropa sucia apilada al costado, la arena todavía en los pliegues y las ganas nuevas de escribir. Fue así: Ariel me llamó y me dijo: -Christian, ¿te acordás que me gané un viaje a Cuba el año pasado? No, no me acordaba. -Sí, boludo, si te conté. Fue en esa fiesta de agentes de viajes. Me gané un viaje a Cuba para mí y para un acompañante. Son 12 noches en hoteles 5 estrellas all-inclusive. 4 noches en Varadero, 6 en Cayo Coco y 2 en La Habana. Seguramente me contó todo esto con lujo de detalles en su momento, pero yo no lo recordaba. Dije ajá y él siguió: -Bueno, resulta que el viaje lo tengo que usar ahora porque se vence en junio. Le pregunté a mi hermana que está en España si quería venir pero no puede. Y las demás personas a las que les pregunté no se pueden tom...

De vuelta de Cuba

Bueno, volví. Tengo unas cuarenta páginas de notas pero tengo que transformar eso en algo inteligible para todos, decidir si uso nombres reales o falsos, decidir qué digo y qué me callo: el oficio de escribir, ahora que tengo cosas para contar otra vez. En los próximos días iré publicando el diario de viaje.