Cuba libre, un viaje, 5
Varadero, cuarta y última noche Es el último día en Varadero, pero me esperan seis días en Cayo Coco, o sea, más all-inclusive, playa y ampollas en los pies. Sí, el rojo de la piel se diluyó un poco, pero las ampollas, tectónicas, crecen. Igual es el último día, así que voy a la playa y me tiro en la reposera, debajo de la sombrilla de paja, a leer. El tipo de las cadenas de oro en el cuello sigue ahí, pero el taxi boy desapareció. Antes de que me acomode del todo aparece el guardavidas que me quiso vender habanos. Está bien, hoy estoy con ganas de charlar, ya hace tres días que estoy acá y hablé sólo con turistas (argentinos, canadienses, alemanes). Es hora de hablar con los locales. Se agacha junto a la reposera, como hizo el otro día. Tiene anteojos negros y está en cueros. Está a punto de susurrarme algo cuando le pregunto “¿Qué es esto?” señalándole una cicatriz que tiene en el cuello, debajo de la nuez de Adán. -¿Esto?-dice levantando la cabeza para exponer todavía más...