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Mostrando entradas de enero, 2008

Separata

Las cosas son como caramelos, envueltas en el papel de las palabras. Ahora hace calor y las cosas se ablandan, se ponen chirles, sudan su baba central y se pegan a las palabras que las envuelven. Hay que desenvolver las cosas con cuidado milimétrico, o sino resignarse a comer el caramelo con pedacitos de papel pegado. Escribir es como cortarse las uñas, algo te crece dentro de la carne, se abre camino y se curva, se vuelve sólido y flexible, un tejido de células muertas. Y hay que desprenderlo para que vuelva a crecer, cortarlo con un clic. Clic.

Fin de año fin

No creo en confabulaciones cósmicas ni nada de eso, menos mal, porque sino estaría tentado de leer todas estas cosas como señales, y como las señales ocurrieron a fin de año no sabría tampoco si leerlas como coda de un ciclo que termina o como advertencia de lo que vendrá. La cosa es así: invité a dos o tres amigos a pasar el fin de año en casa, varios más vendrían a sumarse luego de las 12. El 31 a la mañana me desayuné con que el portero eléctrico no funcaba. Me desesperé: la mina que venía a limpiar (una nueva, porque la que venía antes tiene el marido grave, ¿otra señal?) seguramente había tocado el timbre y se había ido después de un rato de sentirse ignorada (es incapaz de llamar por teléfono, parece, aunque le di el número unas 4 o 5 veces). Bajé entonces a hablar con el portero (el humano) para ver si podíamos arreglar el portero (el eléctrico) cuanto antes. Le expliqué que iba a venir gente a la noche y que iba a ser casi imposible detectar extrasensorialmente su presencia sin...