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Mostrando entradas de julio, 2007

Ciegos, primera parte

[17 de julio de 2007, Palermo, 2.30 am] Me cuesta dormirme, como siempre. Pero algo sí cambió: una vez que me duermo el sueño es profundo, espeso y sensato. Nunca tuve sueños así, con personajes, con argumento, con suspense. Antes mis sueños eran dadá, a lo sumo surrealistas: una puerta se convertía en una persona y esa persona en un miedo o en un sundae de pelos. Ahora no, ahora en mis sueños yo soy yo y juego al ludo con Celeste Carballo. Yo, el del sueño, reviso el correo electrónico cada cinco minutos, preparo té negro con canela y jengibre, acomodo obsesivamente en abanico los almohadones sobre el futón: yo, el del sueño, soy yo, el de la vigilia. O mejor dicho: yo y yo nos parecemos, pero el yo del sueño se desliza por los carriles de un argumento, de un sentido, de una historia que avanza hacia un final con moraleja y continuará, mientras que el yo despierto se sostiene en base a la repetición rítmica de las obligaciones, la síncopa de los ciclos, el débito automático del karma...

Estar ahí

Para mí un amigo es alguien que está ahí, que acompaña. Por eso se me ocurrió hoy agradecer a los lectores de este blog. A los que corrijen mis errores ortográficos o gramaticales, a los que se quejan porque el cuento es muy hot o demasiado cold, a los que me señalan errores ortográficos o gramáticales o sociales, a los que mandan email agradeciendo, a los que comentan, a los que leen en silencio. Me sentí acompañado todo este tiempo, a través de las idas y vueltas, en San Francisco, New Jersey, Merlo o Palermo, en los ya viejos tiempos del boom blogger, en la actualidad de posts apenas mensuales. Gracias y feliz día del lector amigo.

El pub de la pelea, parte 3

[Tercera y última parte de la historia que empezó acá y siguió acá . Empecé a escribir con la idea de escribir esto en 15 minutos, pero me colgué y son las 4.30am. Los lectores generosos entonces avisarán si hay errores obvios o harán la vista gorda. Ambas cosas se agradecen.] – Traé servilletas para secarle la sangre y fijate si podemos pegarle la ceja con la gotita – le dice uno de los de seguridad al otro. – Y llamá a la ambulancia que le van a tener que poner de nuevo el hombro. Me llevan para allá, para allá es el patio, o sea para el sector fumadores. Primera ironía. Me cago de frío: segunda ironía. Me alcanzan un rollo de papel higiénico para que me seque la sangre: tercera ironía. Miro el cielo hacia el que se elevan las señales de humo del humo de los cigarrillos. Leo los puntos y los guiones del mensaje: j-o-d-e-t-e. A partir de ahora j-o-d-e-t-e, vos solo fuiste atrás del conejo blanco fumador, te ligaste la trompada, merecida o no, te caíste por el agujero ...